martes, 7 de enero de 2014

MARIE

Marie era una mujer misteriosa, no sé si por voluntad propia o porque simplemente lo era. Callada, sigilosa en los movimientos, de mirada escrutadora, analítica y fría; cualquier retrato de los que colgaban en aquel salón tenía más expresividad que ella. Movía la copa de coñac con la mano apoyada sobre las piernas que mantenía cruzadas desde el principio de la noche. Si yo tuviera más de tres minutos las piernas en esa posición, sería luego incapaz de levantarme, pero ella parecía ágil y flexible. A ello contribuía su delgadez casi atlética, que le hacía unas rodillas un tanto puntiagudas, demasiado huesudas para mi gusto. Si algún día me acostara con ella, debería tener cuidado con ellas.
   —Por mis cincuenta—dijo de pronto levantando la copa.

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