miércoles, 28 de febrero de 2018

Club Bernhard

Por fin, mi admirado e idolatrado Thomas Bernhard... Será el día 22. Es un autor que se disfruta más en invierno. El gris marengo pegado a tu ventana, premonitorio de una tarde de lluvia, es el fondo ideal para adentrarse en su mundo. Hoy es ese día.

martes, 20 de febrero de 2018

EL SECRETO

"Jugaba con las migas de la mesa solo por disimular, pero ambos sabían que un secreto es un mal compañero de viaje. Suele ser inoportuno, terco, intransigente en la negociación y sutilmente venenoso; no mata, pero aturde. Incluso, a veces, te anula".
web de Rafael Caunedo

EN EL CAFÉ

Foto: Ladyclever

Era guapa, con encanto más bien, de ese tipo de mujeres que empeoran al maquillarse. Infantil en el trato, aunque madura en sus reflexiones. Cuando salí del café, se quedó leyendo una revista, lo que me hizo suponer que no dejé huella en ella. Me giré un par de veces antes de llegar a mi coche, pero nada...
web de Rafael Caunedo

martes, 16 de enero de 2018

MI PADRE Y EL HOCKNEY

El día que me comunicaron la muerte de mi padre me encontraba en lo más alto del Al Faisaliyah Center de Riad, Arabia Saudí, justo allí donde Norman Foster ha ideado un lujoso restaurante giratorio como colofón a un edificio basado, según confesión de mi insigne colega, en un boli BIC. Mi teléfono estaba sobre la gran mesa redonda que me separaba del jeque bin Salmán bin Abdulaziz Al Saud y su séquito. Lo había dejado allí al comenzar la reunión, igual que hacen los pistoleros con su revolver cuando se sientan a jugar al póker...
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domingo, 3 de diciembre de 2017

LLEGÓ EL DÍA

Cogió la botella por el cuello con la fuerza de un estrangulador fuera de sí y la guardó con rapidez para evitar tentaciones, soltándola dentro del armario como si le quemara en las manos. Se preparó un café doble estrujando la cápsula con más fuerza de la necesaria. Un olor agradable le reconfortó mientras miraba atontado como la taza se iba llenando. El café siempre estuvo de su parte. Volvió a mirar la hora. Las nueve y tres.
Se plantó frente al ventanal. La cucharilla sobre el plato tintineaba. El café estuvo a punto de derramarse antes de que diera el primer sorbo. Era incapaz de controlar aquel temblor, una especie de combinación entre ansiedad por beber e inquietud por lo que pudiera pasar a partir de esa mañana. Frente a él se extendía Barcelona. El día nacía y él se la jugaba. O todo o nada.
El director de comunicación de la editorial había propuesto aquel día para el lanzamiento y le pareció bien. Últimamente todo le parecía bien, como si fuera mejor no hacer cálculos ni especulaciones y dejar todo en manos del azar. ¿Qué más daba un día que otro? ¿Acaso todos los éxitos se han publicado el mismo día?
Sorbió café y se secó los labios con los dedos. Notó suave su barbilla. Se acababa de afeitar. Hacía meses que no lo hacía. Se acarició la cara mientras miraba la torre Glòries al fondo de un cuadro que, a pesar de ser su habitual paisaje, aquel día parecía nuevo para él. Sobrio, afeitado y disfrutando de la belleza del edificio de Nouvel que siempre le dejó indiferente. Todo podría cambiar; para bien o para mal. La moneda giraba en el aire. Sorbió un último trago y una gota de café le cayó en la corbata. Mal empezamos.