J.P. se compró un pastillero en un anticuario de Praga. Simplemente le pareció bonito. Empezaba la primavera y, al llegar a Madrid, metió la única pastilla que necesitaba, el antiestamínico para la alergia al polen. El caso es que empezó a notar que le daban sueño, por lo que metió una pastilla para estar despierto. Esa pastilla tenía una contraindicación importante, daba apetito, un hambre voraz, por lo que tuvo que meter una pastilla para quitar grasa. Estaba engordando un montón, lo que le irritaba, entonces decidió meter otra pastilla para bajar la tensión. Llegaba a casa tirado por los suelos. Su mujer, más entera que él, le pedía un esfuerzo horizontal, pero nada. Al día siguiente, metió viagra, un estímulo que le ayudaba en la cama pero le agotaba en el trabajo. Metió entonces un complejo vitamínico para animarse, pero tanto se animó que le dio un infarto. Ahora toma veintitrés pastillas. Dice que es feliz, pero no me lo creo.
por Rafael Caunedo © todos los derechos reservados. http://rafacaunedo.wixsite.com/escritor
jueves, 14 de julio de 2011
UN TIPO PECULIAR
* * *
"No hay persona más repulsiva que un artista, un así llamado intelectual, incluidos los escritores. Los escritores suponen la degradación del género humano por cuanto su vanidad les rebosa y les rebasa hasta convertirles en seres repulsivos, vomitivos. Un escritor sólo se escucha a sí mismo, es incapaz de valorar el trabajo ajeno, suelen ser rencorosos y me hacen sentir bochorno cuando les oigo hablar. No puedo imaginarme compartir mesa con cualquiera de ellos, ya me duele la cabeza con sólo pensarlo. Son personas seguras de sí mismas y yo odio a las personas seguras de sí mismas. Odio a los que se dicen dotados con perfil de liderazgo. Odio a los cabecillas y sobre todo, odio a las personas que dicen no tener pelos en la lengua porque tarde o temprano te clavarán un cuchillo por la espalda. Teme a aquel que diga que va con la verdad por delante porque algún día terminará por mentirte. Odio a los que van de sinceros, a los escritores que caminan un metro por encima del resto de los mortales. No soporto a los escritores, esos que se dicen intelectuales y que se creen que su opinión nos importa, cuando en realidad nos interesa un carajo. Me dan asco". HELMUT BRANDAUER
* * *
martes, 12 de julio de 2011
EL BLOG
Cuando Willy Wilder estaba viendo un partido de fútbol americano, un jugador, incapaz de frenar su carrera, se llevó por delante a un pacífico cámara que retransmitía el evento en directo. Ese hecho, lo que para todo el mundo no fue más que un motivo de carcajada, fue para Willy Wilder el chispazo de salida para que su imaginación creara el guión de "En bandeja de plata". Ya no hubo partido, nada más, sólo fabulación.
Pues bien, eso, salvando las distancias, claro, es lo que me pasa a mí a diario. Cuando voy andando por la calle, todo lo que me encuentro son principios de historias. Antes, las almacenaba en la cabeza y con el tiempo se perdían, o como mucho, las anotaba en las miles de hojas sueltas que andan por mis mesas. Pero desde hace unos meses algo ha cambiado en mi proceder. Fue que se me ocurrió, a eso de finales de febrero (total, cuatro meses y medio) abrirme un blog para ver qué pasaba. Lo hice como sistema descompresor y liberador de la imaginación. Mi amiga Anne dice que soy un soñador, pero yo creo que tengo un mundo paralelo en el que me gusta esconderme más a menudo de lo que debería. Busco refugio en la ficción y no lo puedo evitar.
Por eso, cuando veo que en tan sólo cuatro meses y medio, Mundo voluble ha recibido ocho mil visitas, me sorprende y me emociona. Espero que mi agradecimiento parezca tan real como lo es en verdad, porque de todo el blog (bueno, de casi todo), es lo único verdadero que he escrito.
Hoy estoy así. Un beso grande a todos.
lunes, 11 de julio de 2011
LAS PERVERSIONES
Parece mentira que por la tontería del bolígrafo esté hoy aquí, desnudo, con un capuchón en la cabeza.
Todos los días a la misma hora, hacía girar el bolígrafo sobre la mesa y dejaba que su punta me marcara el destino. Últimamente me pasaba algo curioso: siempre apuntaba al mismo sitio. La cosa era siempre igual. Iba al VIPS, pedía el desayuno continental mientras leía el periódico, y hacía girar el bolígrafo. Daba igual dónde me hubiera sentado, en mesa o en barra baja, el caso es que su punta se dirigía siempre al mismo objetivo: la cajera. No sé, sería una señal del más allá o una revelación extraterrestre, me daba igual, pero no podía impedir que mi cabeza fabulara sobre las mil y una razones de aquel presagio.
Algo estaba claro: tenía que hablar con ella. Después de tantos desayunos ya teníamos cierta confianza, así que un día me atreví a ser más hablador. ¿Sabes que mi bolígrafo te señala todos los días? Dicho así, en frío, hizo que la cajera desconfiara de mi cordura. Le traté de explicar la estupidez y le hizo gracia. Quedamos al salir del trabajo para tomar algo.
Era muy simpática. Me contó que los fines de semana era cetrero, pero como eso no era negocio, tenía que buscarse la vida en otra cosa. ¿Cetrero?, ¿de verdad? , y bastó un mínimo interés por mi parte para que empezara a hablarme de halcones, aguiluchos, señuelos y plumas. Llevaba un capuchón de cuero en el llavero del coche. Se animó a hablar y a hablar y ya no paró hasta mi primer bostezo.
Comenzó así mi relación con un cetrero. Es buena chica, la verdad, si no fuera por esa manía suya de llevar al extremo sus pasiones. Le gusta hacer el amor sólo si yo llevo puesto un capuchón en la cabeza; y lo que más la excita es darme de comer carne cruda de su mano. Sólo llevo tres días haciéndolo y ya estoy descompuesto. A mí no me va este rollo pero ella está encantada. No sé si debería decirle la verdad o contarle algunas de mis perversiones para compensar. A lo mejor, esta noche, le digo lo de la profesora ninfómana.
miércoles, 6 de julio de 2011
EL SECRETO
He estado tres días escondido en un secreto. Es un secreto a dos horas y media de Madrid. ¿Dirección? ¿Norte? ¿Sur?..., qué mas da, el caso es que al llegar, a uno se le olvida que existe el mundo. En ese secreto, unos amigos tienen una casa, una casa en la que al entrar, hace frío, aunque nadie en aquel secreto tenga aire acondicionado. Es un secreto en el que la gente, al cruzarte en la calle, te da las buenas tardes. El primero que lo hizo, creí que me había confundido con otro, pero que va, resulta que en el secreto todo el mundo es educado. Ayer hacía calor, pero si caminabas bajo los pinos, la brisa te acompañaba como un suave ventilador personal para que caminar fuera un placer. Y es que el aire del secreto es puro, huele a resina, y las vacas, cuando te miran, parecen hablarte. Por la mañana me bañé en la piscina. Me tiré sin pensármelo y por poco me quedo flotando como un pez muerto. Hasta el socorrista se asustó. Mis amigos me comentaron que nadie en el secreto se tira de golpe a la piscina. Dicen que no hay agua más fría en toda la península. A la hora de la cena, el secreto entero huele a parrilla. Mis amigos nos llevaron a un restaurante en el que no hay que reservar con dos semanas de antelación. Uno llega y come. Y cómo come. En el secreto, el tomate sabe a tomate, la lechuga cruje en la boca y la cebolla no pica. Las ensaladas son las de toda la vida, sin pollo, ni bacon ni roquefort. Además, el camarero (que es dueño-camarero-cocinero-psicólogo), cuando te toma nota, te pone la mano en el hombro. Huele a humo, a parilla y a panceta. ¿Tiene panceta? Hombre, por Dios. Pan de aceite y frasca de vino. En el secreto no hay carta de vinos, no hace falta, con una frasca nos vale. O dos... o tres....., y cuando sales miras al cielo del secreto y ves estrellas. Sí, en el cielo hay estrellas, más de las que parece. Vamos a la plaza del secreto a rematar. ¿Y los niños?, ¿no es tarde? En el secreto no es tarde nunca. ¿Dónde están los niños? Fuera. En el secreto no se dice "los niños están en la calle", se dice "están fuera", como si no hubiera calles, simplemente se van y vuelven cuando tienen más hambre. Una cosa más, ayer dormí con manta porque en el secreto el verano no es verano sin manta. Me encantaría confesar el secreto pero he prometido no desvelarlo. Mis amigos me matarían.
martes, 5 de julio de 2011
DE ALGUIEN CON MEMORIA
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| Foto: Antonio Naranjo |
Mi máxima preocupación era que mi mujer no notara que me había olvidado de su cumpleaños. Volvía de París el mismo día que ella cumplía cincuenta años, una fecha marcada en el calendario desde el principio de los tiempos. Me acordé de ella cuando el avión atravesó una turbulencia más fuerte de lo habitual. Fue como una revelación. Cuando recuperamos la estabilidad quise pensar que era ayer, pero no tuve éxito. Cogí la revista de Air France y miré las últimas páginas. ¿Perfume? ¿Un reloj? ¿Una botella de vino? Imposible que colara. Los últimos diez minutos de vuelo los pasé elaborando una lista con todas aquellas excusas en las que pudiera afianzar mi falta. Todas eran, por reincidentes, innecesarias.
Llegué a casa muy de noche. Esperaba encontrarla en pijama, leyendo, pero estaba en el cuarto de baño, desmaquillándose. ¿Has salido esta noche? Sí, acabo de llegar. Olía a perfume y a sospecha. Estaba radiante. ¿Qué tal el viaje?, me preguntó mientras yo bajaba a la cocina para beber agua. Todo bien. Y entonces lo vi. Un ramo de rosas rojas reposaba sobre la encimera en perfecta exposición para ser admirado. ¿Y estas rosas? Un regalo.
* * *
“La aventura siguió dos meses sin ser detectada. No es difícil engañar la primera vez, porque el engañado no tiene anticuerpos; al no estar vacunado por la sospecha, pasa por alto las llegadas tardías, acepta excusas absurdas y permite que los parches más endebles remienden grandes rasgones en lo cotidiano”.
PAREJAS, John Updike.
viernes, 1 de julio de 2011
LOS COLORES
Ayer fui a comprar óleos para el verano. Me sorprendí cuando me escuché pedir sólo dos colores: mucho negro y algo de blanco. El de la tienda me miró por encima de las gafas mientras esperaba la confirmación de que no le estaba tomando el pelo. No, de verdad, ocho tubos grandes de negro y tres de blanco. Quiso hacerse el gracioso diciéndome que el Guernica ya estaba pintado. En fin.
De vuelta, en la moto, iba pensando en lo que me gustaría pintar. Lo que sea pero en negros, blancos y grises. Tal vez fuera el día. Es verdad que llevo unas semanas algo gris, un poco neutro, pero eso es normal en mí desde que tengo pelos en las piernas. A veces me levanto, y según voy hacia la cafetera, ya sé si el día va a ser gris moho, rojo horizontal o azul residencia. Mis hijas ya me conocen y me suelen preguntar por mi color favorito del día. Les encanta cuando les digo que el "naranja todo vale", porque eso significa que nos montamos en el coche y les dejo elegir música. Ya ves.
Hoy estoy gris cielo de París, a juego con un bañador de jubilado que me he comprado. Luego me arrepiento, pero el color de mi ropa lo baso en mi estado de ánimo. Ayer lo vi allí colgado, en el puro ostracismo, apartado del mundo, alejado de las palmeritas y los Bob Esponjas. Era el último bañador, uno de cuadraditos grises, modelazo tercera edad, pero que me viene al pelo. Seguro que al llegar a la playa no me lo pongo, pero ayer quise llevármelo a mi cajón de bañadores.
Lo mismo con todo. Nunca me pidas consejo en un día de color tungsteno, ni se te ocurra. Ahora mismo acabo de pasar a negro túnel, y lo malo es que mañana tengo barbacoa en casa. No sé, espero controlarme y no dejar que se quemen las chuletas.
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