No
tengo recuerdos precisos de hacia dónde derivó la conversación,
pero sí recuerdo la necesidad que ambos teníamos de no dejar que el
silencio nos violentara, por lo que no pasaba mucho tiempo hasta que
uno de los dos sacaba un nuevo tema. Generalmente lo hacíamos en
forma de pregunta. Como buen tímido, siempre he sido bastante rápido
encontrando preguntas y desalentadoramente lento e inseguro desarrollando las respuestas, por lo que tiendo a buscar lugares de belleza apabullante por los que pasear para que sean ellos los que rellenes mis lagunas...
por Rafael Caunedo © todos los derechos reservados. http://rafacaunedo.wixsite.com/escritor
martes, 10 de enero de 2017
jueves, 29 de diciembre de 2016
EL ESPEJO DEL BAÑO
No
dije nada y fui hasta el baño. Otra vez frente al espejo. Algo
tienen los espejos de los cuartos de baño que siempre termino allí confesando las miserias. Deben ser el último reducto de
sinceridad que me queda antes de engañarme a mi mismo en
cuanto salgo.
El espejo estaba demasiado bajo y era pequeño, así que me apoyé en el
lavabo y me agaché para mirarme. La luz venía del techo, lo que
producía ligeras sombras bajo los ojos que marcaban las arrugas y me
envejecían. Aún más. Alcé el mentón y estiré el cuello buscando
mejor posición, aunque desistí al instante. Era absurdo pasarse la
vida buscando el mejor ángulo y la mejor proyección de luz para
disimular lo inevitable. Estiré los labios y me miré los dientes.
Por suerte la fortuna empleada en el dentista estaba bien empleada.
Sorbí directamente de la botella un poco de enjuague bucal y me
analicé el rostro mientras mis carrillos se iban hinchando y
deshinchando alternativamente. Pensé que llevaba mucho tiempo sin
reír. Escupí y forcé una sonrisa estúpida. Probé con varias
expresiones joviales y ninguna me convenció, de manera que cuando
volví al salón llevaba la misma cara de amargado con la que había
salido...
martes, 20 de diciembre de 2016
LA PRIMERA NOCHE
Fuimos a su casa. Me dijo que había comprado el sillón por la mañana y me senté para probarlo. Bostecé. Ella lo hizo después. Era muy tarde y estábamos cansados. Cuando empezó la noche no pensé que la conocería. El contagio del bostezo fue nuestro primer
acto de complicidad. Puso los pies sobre la mesa y yo, seguro de que no iba a
encontrar oposición, hice lo mismo. Quedó el luto de mis calcetines
negros al lado del jovial arcoiris de los suyos. Mis pies eran finos
y largos, huesudos comparados con los de ella. Me parecieron
grotescos a su lado, unos pies infortunados, como de esqueleto. Quise apartarlos pero ya no tenía fuerzas. Nos dormimos y esperamos que amaneciera.
domingo, 18 de diciembre de 2016
MUJERES DESPEREZADAS
Me gusta ver desperezarse a las mujeres por las mañanas; el descuido del pelo, la
mirada aún difusa, cierto rubor en la piel y los labios mucho mas
sugerentes que cuando se acostaron. Me gusta ver cómo aparece su ombligo bajo el pijama cuando se estiran. Me gusta que ronroneen como un gato antes de levantarse. Me gusta que saquen una pierna del edredón y se miren el pie como si no lo reconocieran. Me gusta que no digan nada y sin embargo lo digan todo...
miércoles, 14 de diciembre de 2016
COLORES
Me pidió que la disculpara unos minutos. Coge lo que quieras de la nevera, dijo. Di
cuatro pasos y llegué hasta una librería de madera clara. Plantado
frente a los libros repasé algunos títulos, más por
entretenimiento que por interés, lo que hizo que me olvidara de
ellos en cuanto me di la vuelta. Reparé luego en el crujido de la madera bajo mis pies. Miré al suelo y me vi
ridículo con aquellas chinelas con borrego que me había obligado a calzar cuando entramos. Casi toda
la superficie de la tarima estaba cubierta por alfombras de varios
tamaños, colores y texturas, así que preferí descalzarme. Mis
habituales calcetines negros me resultaron de pronto feos y tristes
en un entorno tan colorista como aquel. Acostumbrados como estábamos
yo y mis calcetines a ambientes más neutros, la explosión de color de su casa ensombreció aún más mi gusto por la ropa
oscura...
martes, 13 de diciembre de 2016
LAS GANAS
Me había dado las indicaciones pertinentes para llegar a su casa antes de cerrar los ojos y dejar la
cabeza apoyada en el asiento del copiloto. No voy a dormirme, me dijo, tranquilo.
Las curvas de la carretera y su poco cuidado asfalto hacían que su
cabeza se moviera levemente de un lado a otro. Entre los pies llevaba la bolsa con las botellas de vino con la despreocupación justa como para que no se rompieran sobre la alfombrilla del Land Rover. A veces creí oír una especie
de murmullo, como si tarareara una canción, un arrullo. O un mantra.
Mantenía la boca cerrada y las luces rojas del salpicadero iluminaban
su cara. Tenía un perfil proporcionado, sin que hubiera un
detalle que resaltara. La rectitud perfecta de la nariz contrastaba
con la redondez de sus labios almohadillados. Yo alternaba la
atención a la carretera con miradas rápidas y esporádicas a sus
labios. Por suerte llegamos antes de que tuviera el impulso de besarlos, aunque ya dentro de la casa me fue más difícil disimular todas las ganas contenidas durante el trayecto...
lunes, 5 de diciembre de 2016
COCIDO MONTAÑÉS
Nada más aterrizar me
llevó a un restaurante en un pueblo perdido, uno sin grandes
pretensiones, ni estéticas ni gastronómicas, lo que facilitó la
elección del menú. Era un negocio familiar, de comida casera, de
esos que huelen a caldo de carne al entrar y el dintel de la puerta es tan bajo que hay que agacharse para pasar. Hacía muchos años
que no comía sobre un mantel de papel blanco. Pensaba que ya no
existían, incluso tuve ganas de dibujar sobre él. En el centro de la mesa
había un dispensador de palillos de madera y no pude aguantar la
tentación de hacer una especie de aspa entrelazando varios, como me enseñó mi padre cuando era niño. Llevar cincuenta años viviendo en Londres hizo que me emocionara cuando una señora mayor con mandil puso sobre la mesa un puchero de cocido montañés...
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